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Del inglés: “patch” (parche) y “work” (trabajo). Literalmente significa trabajo con parches; uniendo diferentes trozos tela para crear piezas más grandes que regularmente asociamos con colchas y cojines.

En realidad el patchwork viene unido a la moda más de lo que pensamos, han pasado siglos desde que esta técnica se introdujo por primera vez para confeccionar un vestido. Así en el siglo XVIII, por la necesidad y falta de material, tras la prohibición de la venta de telas hindúes en Inglaterra durante 1712, nacían los primeros vestidos patchwork. Vestidos hechos con trozos de tela sobrantes de otras creaciones. Con el tiempo la necesidad se convirtió en tendencia por largos años, que regresó por las mismas razones durante la Gran Depresión en Estados Unidos. Hoy, los directores creativos de las principales casas de la moda que desfilan en Paris, Nueva York, Londres o Milán, reviven esta tendencia con abrigos, vestidos y accesorios. Esta vez no por falta o escasez de material o recursos, sino por que así lo pide su creatividad e imaginación, y quizás algo tiene que ver la reivindicación de aquellos tiempos.

Así vemos la propuestas para esta temporada otoño-invierno 2017/2018 donde J. W. Anderson, el director creativo de Loewe, saca a desfilar un vestido en tonos tierra hecho puramente de trozos de tela de terciopelo y satén; al igual que lo hace para la firma que lleva su nombre, durante la London Fashion Week. Maison Margiela, con John Galliano a la cabeza, sigue la esencia de la casa francesa, y tampoco priva la colección de esta temporada de esta técnica; introduciendo chaquetas y abrigos de trozos de tela rotos y cosidos entre sí. Mientras observamos como en la colección de los italianos Dolce & Gabbana se respira cierto aire barroco y victoriano, quizá de aquellas casas que vieron los comienzos de patchwork en la moda.

LOEWE

Alexander MqQueen

Dolce & Gabbana

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