Cuando probé a ser vegana…

Como supongo que ya sabréis, pasado año 2015 fue el boom de la dieta vegana. Alguna de mis conocidas empezaron a seguirla, y entonces yo también decidí probarla, no por cuestiones de belleza o estética, sino por pura curiosidad. Bueno, por si no lo sabíais aún, con esta dieta no podéis comer nada que sea animal o que provenga de éste, es decir, no carne, no pescado, no lácteos, no huevos, no marisco… Si alguna ha pensado como yo “pero si no puedo comer nada”, sí puedes. Puedes comer cereales, soja, tofu, frutos secos, frutas, verduras, etc. Eso sí, hacer la compra resulta más complicado y costoso, pues te tienes que fijar en que el producto no lleve ninguno de los ingredientes que están prohibidos, así que deja de lado las galletas de toda la vida y el queso. También olvida de pedir sushi un domingo de “pelimanta” o comprar helado camino a casa.

Recuerdo mi primer día, desayuné como una autentica vegana; un café a base de bebida de soja y avena con frutos secos, todo ello con bien de Stevia, riquísimo (jajaja…bueno, luego me acostumbré, y lo sigo haciendo). Todo iba genial, a media tarde fui a almorzar con unas amigas, me pedí un café americano, claro si soy vegana, y oops! fail! un sandwich de pollo… y solo me di cuenta de ello dos horas después ¡dos horas! Así que decidí que este día lo iba a pasar de largo, para acabar toda mi “comida no vegana”, o por lo menos una parte de ella. 

Al día siguiente retomé mi nuevo estilo de vida, y la verdad es que me iba bien…hasta que llegaron las Navidades, y claramente nadie se iba a adaptar a mi nueva dieta, ni yo tampoco. Es cierto que no me resultó tan difícil, pues de normal, apenas como carne y no tomo leche, pero lo más duro fue dejar el pescado, pues adoro la comida japonesa; la comida japonesa y los dulces (casi todo lleva huevos o lácteos).

Lo bueno que puedo destacar de esta dieta es que te sientes mejor y mucho más ligero, pero lo negativo es que tu cuerpo deja de recibir nutrientes necesarios que tienes que complementar con vitaminas. Otra cosa no tan buena son las visitas a los restaurantes, pues hay tan pocos platos veganos todavía... El precio de los productos también le resta puntos a esta dieta, sólo hace falta comparar la bebida de arroz con la leche de toda la vida o las hamburguesas de tofu con las normales, aunque tenemos suerte en España con el precio de la fruta y la verdura. Sin embargo, aunque no me he vuelto vegana, sí he adaptado varios hábitos positivos de esta forma de comer, como fijarme en la composición de los alimentos, consumir más cereales integrales, etc. A pesar de que yo me rendí, seducida por turrones y el tartar de atún, quizás esta dieta esté pensada para ti.

Imágenes: tumblr.com/

 

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