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Isabel Navarro Ibáñez

Periodista, estilista y enamorada del sur. Me inspiran la luz del sol y el sonido del mar.

La ansiada (y subjetiva) belleza

Una conocida marca de jabones, geles y demás artículos de higiene personal realizó un vídeo que se hizo viral. En él aparecían varias personas, mujeres y hombres, a los que se le preguntaba qué cambiarían de su cuerpo si pudieran. Una sola cosa. Algunos lo tenían muy claro, conocían bien sus complejos. Otros dudaban, no podían elegir una sola cosa. A continuación, les hacían la misma pregunta a unos niños de menos de 10 años. Algunos no cambiarían nada, mientras que el resto pedía cosas maravillosas, imposibles, como: alas, cola de sirena, boca de tiburón o piernas de guepardo para correr más rápido. No querían cambiar nada de su aspecto. Como mucho, querían dotarse de algún atributo más. ¿Qué significado tiene esto? Cuando somos niños, no estamos sujetos a cánones de belleza que nos marcan cómo hay que ser. Pero, conforme vamos creciendo, nos hacemos conscientes de estas presiones sociales (sobre todo para las mujeres), que te obligan a tener un aspecto determinado. Y a que detestes cada uno de tus defectos. A que luches para cambiarlos. No para que te sientas bien contigo misma, sino para que encajes en la sociedad. Para que no te salgas del tiesto. Ni del rebaño.

Si nos preguntamos eso mismo a nosotros, qué cambiaríamos de nuestro físico, habría multitud de respuestas generalizadas. ¿Quién no quiere dejar unos kilitos, achicar su nariz o sus orejas, acabar con esas manchas y cicatrices de la piel que sólo ves tú? Todos contestaríamos prácticamente lo mismo, porque todos sabemos cómo hay que ser. Dónde está la perfección. Hay quien recurre a dietas draconianas, quien se mata en el gimnasio a pesar de que odia ir y quien se gasta medio sueldo en cremas y maquillajes para mejorar (o al menos esconder) sus imperfecciones. Incluso hay quien se somete a cirugías estéticas con el único fin de “mejorarse” (esto es adaptarse al canon). Desde aquí respetamos a todos y sus decisiones, pero no podemos más que decir que la clave para ser feliz no está en ser perfecto (o ser como te han dicho que hay que ser para alcanzar esa perfección), sino en mirarte, aceptar lo que tienes, lo que eres, y quererte así. No te obsesiones. La belleza, dicen, está en los ojos del que mira. Seguro que hay mucha gente por el mundo que te ve mucho mejor de cómo te ves tú.

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Imágenes | Bot communications 

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