Isabel Navarro Ibáñez

Periodista, estilista y enamorada del sur. Me inspiran la luz del sol y el sonido del mar.

Hemos probado: el maquillaje en polvo de Estée Lauder

Lo confieso: no me va el maquillaje. Me gusta verlo en otras personas porque, aunque yo reniegue de él, reconozco sus virtudes: alisa la piel, esconde las imperfecciones y unifica el tono. Todo ventajas. Sin embargo, a mí me da una pereza enorme maquillarme. Puede que también influya el hecho de que o me veo como si llevase puesta una máscara (muy antinatural y que se nota mucho) o me veo prácticamente igual que sin el maquillaje. Lo sé, esto se debe (además de a mi poca habilidad con la brocha) a que no he encontrado la base que necesito. Ni la textura que mejor me va ni, seguramente, el tono adecuado. Pero eso era antes.

Nunca llevo base pero sí he sucumbido al poder de los polvos matizantes, que yo usaba para regular el tono y alisar la superficie cutánea. Me gustaba su rapidez y un resultado visible al instante (aunque luego no fuese muy duradero). Y en mi búsqueda de unos polvos compactos nuevos, encontré esta maravilla. Se trata de la gama Double Wear Stay-in-place Powder Makeup, que es completísima y está disponible en casi 30 tonos (imposible no dar con el tuyo).

A pesar de su apariencia de polvos compactos, se trata de un maquillaje en un formato que para mí es ideal. Además, son de larga duración. La marca promete unas 8 horas, pero tanto su envase como su forma de aplicación lo convierten en perfecto para llevar en el bolso (sin manchar nada) y retocar cuando sea necesario. A pesar de ser polvos, no reseca la cara ni obstruye los poros pero sí combate los temidos brillos por su capacidad oil-absorbing y su acabado semi mate. No proporciona tanta cobertura como las bases líquidas, pero es perfecto para camuflar pequeñas imperfecciones sin causar un “efecto máscara” y para lucir el look de belleza más de moda en las pasarelas y entre las fashionistas: una piel nude.

Imágenes | Estée Lauder