EL AVE FENIX VISTE DE GUCCI

Nadie duda que grandes marcas (de lujo) como Gucci, Yves Saint Laurent o Chanel nacieran de la nada y que lo que son ahora sea fruto de un gran trabajo y una larga trayectoria pero, una vez arriba, ¿siempre se han sabido mantener?

Qué amante de la moda no ha soñado alguna vez con estar en la piel de Cara Delevingne y poner los gestos que hicieran falta con tal de que le vistieran de arriba a abajo de Saint Laurent; o que por surcar los mares junto a Johnny Deep, como Keira Knightley, Chanel nos eligiera como imagen de su campaña.

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 Estas marcas son modelos a seguir por muchas personas, marcas aspiracionales, y para llegar a ese punto han tenido que recorrer un largo camino, por ello, algunas de éstas no siempre fueron tan deseadas y no siempre supieron mantenerse en la cima, ni ganarse el título de LUJO.

A día de hoy, nadie imaginaría que Gucci estuvo en la cuerda floja, a punto de desaparecer.

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Gucci nació en 1923, de la mano de Guccio Gucci, como una pequeña tienda de artículos de piel en la ciudad italiana de Florencia.

Supo adaptarse a las situaciones externas, consecuencia de los cambios sociales y políticos, incluso llegó  a ser internacionalmente conocida como una marca de lujo, con tiendas en Nueva York o Hong Kong entre la década de los cincuenta y setenta, alcanzando así su máximo esplendor.

Ya en la cumbre, fue muy bien recibida por artistas icónicos del cine y figuras de la talla de Sophia Loren o Elizabeth Taylor.

Destacaba por su diseño clásico y elegante, sin abandonar su audacia innovadora, su calidad y su artesanía, pilar fundamental de su éxito.

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Pero los problemas comenzaron en los años ochenta a raíz de una sucesión de contiendas internas entre la familia Gucci que repercutieron directamente sobre la firma. Entre condenas de prisión, defunciones naturales, fraudes de herencias y asesinatos conyugales se desarrolla la historia de Gucci durante los años setenta y ochenta, digna de ser llevada a la gran pantalla.

En un intento de relanzar la marca, se plantearon una serie de estrategias. En ese momento, la visión de Gucci era crear una compañía cuyos productos destacaran por su distribución limitada y que estuvieran enfocados a una clientela muy selecta. Pero la casa italiana vivía de los residuos de su anterior reputación y no tenía suficientes medios para alcanzar sus propósitos.

¿Solución? Dejó de ser un negocio familiar. En 1987, Investcorp, una sociedad de inversores, empezó a comprar acciones de Gucci y acabó adquiriéndolas todas a principio de los años noventa.

A partir de este momento, la compañía sufrió una restructuración y vieron como única salida un cambio radical de la mano de Tom Ford como director creativo.

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Gucci relanzó su fama mundial mediante una novedosa combinación de tradición e innovación.

Tom Ford no sólo esbozaba y diseñaba casi todos los productos, sino que también pasó a encargarse de la publicidad, las relaciones públicas e, incluso, del diseño de las tiendas.

Se forjó una imagen en torno a él que sirvió de pistoletazo para posteriormente crear una nueva imagen de GUCCI.

Este cambio imprimió a la firma de lujo un sentido de atrevimiento y provocación que se hizo popular entre los famosos del mundo de la moda.

El tacón de aguja y los vestidos de jersey de seda con adornos de piezas metálicas se convirtieron en iconos instantáneos de la visión glamurosa de Tom Ford.

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El Grupo Gucci, una vez más con la ayuda de Tom Ford, fue también el artífice del rescate de otra firma de lujo que pasaba por sus peores momentos, Yves Saint Laurent

A día de hoy, se ha descubierto que esta intervención trajo algunas desavenencias entre Tom Ford e Yves, en particular de Yves hacia Tom Ford. ¿Envidias? ¿Celos? De una forma o de otra es indiscutible que las habilidades de diseño y, sobre todo, comerciales de Tom Ford han dado y darán mucho que hablar tanto para bien como para mal.

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Llegar a donde llegan muchas marcas no es fácil. Lograr que miles, e incluso millones, de personas se identifiquen con ellas y se gasten cantidades desorbitadas de dinero para adquirir cualquiera de sus productos es un duro trabajo, y más con los cambios tan constantes que experimenta el mundo de la moda.

En este caso en particular, Gucci pasó de ser una marca clásica y elegante a todo lo contrario basándose, principalmente, en la imagen que se quería dar de Tom Ford, que emanaba sensualidad, sexualidad y atrevimiento por cada uno de sus poros.

Evidentemente el público cambió, y quien demandaba Gucci demandaba un cierto toque de rebeldía y  transgresión.

Cuando volvió a recuperar el estatus de marca de lujo, deseada y aspiracional, la imagen de Tom Ford se fue apartando poco a poco para dar lugar a una identidad de marca única y exclusiva de Gucci. Porque cuando una firma de moda consigue tener sus adeptos se puede permitir el lujo de innovar de forma paulatina (siempre y cuando mantenga una línea y no se aleje de los estándares impuestos por la moda del momento) sin llegar a perderlos. Es la clave de su éxito.

Actualizarse sin perder la identidad de marca es el reto diario de las firmas de moda y de belleza, por eso muchas caen y las que logran renacer de sus cenizas y volver a ganarse a un mercado tan exclusivo como es el del lujo, se merecen un gran reconocimiento.