Prescripción inconsciente

Era mayo de 2013. En algo más de un mes se celebraba la ceremonia para los recién licenciados en Periodismo de la Complutense y entre los cerca de 1.000 estudiantes que acudirían estaba yo, sin vestido. Como me suele ocurrir, encontré primero los zapatos. Unas preciosas sandalias de tacón de tiras de color verde agua. Fue amor a primera vista. Pero seguía sin vestido. Mido 1,61 metros, por lo que decididamente eliminé la posibilidad de llevar un vestido largo. Dado el tipo de fiesta (y las varices que empezaban a asomarse en mis piernas), también deseché la idea de llevar uno demasiado corto. Desde luego que algunas acotaciones las tenía claras, como que la ropa debía combinar con mis adorables sandalias aguamarina. Tras mirar en las típicas tiendas a las que tod@s acudimos (ya sabes de las que te hablo), una extraña fuerza me llevó a buscar el vestido perfecto entre las boutiques de Malasaña. Marcaba la cintura y el pecho (el poco que tengo) y gracias a las tablas de la falda tenía amplio vuelo. Era sin mangas y de color mostaza, de esos que sirven de comodín en otoño con complementos en negro. Una pieza que, no por casualidad, me recordaba a los personajes femeninos de Mad Men. Estaba siguiendo la sexta temporada de la serie en esta época y, entre tanta cultura patriarcal, Peggy (Elisabeth Moss), Joan (Christina Hendricks) o Elizabeth (January Jones) eran las verdaderas heroínas de toda mujer amante de las series y la moda, como lo soy yo. Volviendo al 2015, he de confesaros que el primer vestido de verano que me he comprado ha sido un largo. Sí, a pesar de mi estatura me he atrevido con uno de corte imperio con el que intento dar sensación de altura. Mi inspiración: Emilia Clarke, la actriz que encarna a Daenerys Targaryen en Juego de tronos y que sólo mide 1,57 metros. Vuelve a no ser casualidad que las series que sigo ejerzan influencia en mi forma de vestir. Pero se trata de una precipitada conclusión a la que llego, no sin antes pararme a observar a mi alrededor. Sin ir más lejos, mi novio tiene un corte de pelo muy parecido al de Ragnar Lodbrok (Travis Fimmel), el protagonista de Vikings, paradójicamente su serie favorita. En cuanto a mi amiga Valeria, si miro su armario y el de Lena Dunham, creadora y protagonista de la serie Girls, difícilmente distinguiría cuál es el de cada una. Quizá éste sea el ejemplo más radical, pero, de cualquier modo, nadie que siga una serie, en la que la moda sea, en cierta manera, un factor clave en la definición de sus personajes, queda libre de lo que yo llamo “prescripción inconsciente”. [caption id="attachment_33218" align="alignleft" width="164"]Lena Dunham Lena Dunham[/caption] Las pasarelas no son lo que eran y las alfombras rojas se suelen limitar a la alta costura (a la que la mayoría de nosotr@s no podemos acceder). Por tanto, ¿quiénes prescriben la moda real? Indudablemente, l@s protagonistas de nuestras series. Son nuestr@s modelos inconscientes, en los que nos fijamos cuando hacemos una introspectiva intentando vernos reflejad@s en ell@s. Dime qué serie ves y te diré cómo vistes, porque la moda habla de nosotr@s mism@s, igual que las series. Por ello, y para que me conozcan un poco mejor, quiero que sepan que, además de las ficciones citadas en este artículo, actualmente sigo New GirlMasters of SexModern FamilyHouse of CardsSuit, y la española El Ministerio del Tiempo, entre otras (por el momento me resisto a ver Orange is the New Black). ¿Y en ti, qué serie ha ejercido prescripción inconsciente?