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Directora de Contenidos en Madaísh // Colecciono cosas bonitas en mi Instagram. Adicta a los vestidos femeninos, zapatos masculinos y labios rojos. Madrileña de adopción, parisina de corazón. Feliz a tiempo completo.

La otra cara de Giambattista Valli

Cuando entras en la página web de Giambattista Valli, inmediatamente empieza a sonar la canción “My Funny Valentine” cantada por Chet Baker. Lo que suena a través de los altavoces te provoca los mismos escalofríos que la fascinante belleza de las piezas estructuradas de las colecciones de pret-a-porter y alta costura de Valli.

Sus oficinas en París también están llenas de referencias clásicas. El edificio histórico donde se encuentran fue la casa de Jean-Baptiste Lully, maestro del estilo barroco francés, compositor y músico que pasó la mayor parte de su vida trabajando en la corte de Luis XIV. Giambattista entiende los clásicos y en sus colecciones siempre recuerda diosas atemporales y decididas. 

Valli cita a Shelley Duval, la actriz de grandes ojos, largas piernas y estilo despreocupado como una de sus inspiraciones para su línea más joven. El diseñador también puede presumir de un grupo devoto de seguidoras famosas. Clotilde de Kersuason, Anna dello Russo, Lena Dunham y Margherita Missoni ocupan a menudo la primera fila de sus desfiles  y agunas hasta participaron en un fashion film de la marca. 

Todo el mundo tiene dos caras. El apodo del diseñador es Giamba (es así como le llaman sus amigos más íntimos). Es la otra cara de la misma moneda, su lado bromista. Valli suele diseñar sus colecciones más alegres con estas amistades en mente (uns colecciones que suelen tener muchos más modelos de los que luego vemos en la pasarela, que son sólo una muestra).

Este tipo de colecciones no están solo dedicadas al público más joven sino que también son una diversión para Giambattista. Su estilo de vida está lleno de siluetas concebidas para ser lucidas con altísimas plataformas brillantes y un flequillo a lo Jane Birkin. Valli puede imaginar anoraks de colores pastel, minifaldas florales de color sorbete, pero es de todo menos azucarado. De hecho, es la personificación del chic parisino effortless con una pizca de glaseado.

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Imágenes || Vogue

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